Hace unas pocas primaveras, el rograma de
Aparecí en un Casal, por primera vez, y lo hice con una pequeña
maleta de viaje. De la maleta, a modo de sombrero de mago, fui sacando diversos
materiales simples y cotidianos para nutrir la sesión divulgativa con pequeños
juegos ilustrativos que había inventado para tal ocasión. Dentro de la maleta había una caja de pañuelos de
papel.
A medida que avanzaba el juego con el pañuelo de papel, observé que una
señora mayor, sentada a la derecha de la primera fila, bajaba la mirada y
desatendía mientras acariciaba suavemente el papel, para luego replegarlo y
encerrarlo fuertemente en el interior de su puño. Cuando
acabé el seminario me acerqué para interesarme por ella y disculparme por haber
provocado sus lágrimas. Me conmovió su emocionada mirada. La señora se excusó
por no haber sido capaz de seguir el juego, y seguidamente me dijo que, de
repente, en un instante concreto comprendió la metáfora que los otros ni
siquiera aún sospechaban. Me confesó que en ningún otro momento, hasta ese día,
nada de lo que le habían dicho le había hecho sentirse tan comprendida.
Porque es tan difícil hacerse cargo de lo que se siente hasta que no
enviudas
- suspiró. Y aunque no sé su nombre, el abrazo
de esa señora me enseñó que hay pequeños ejercicios o metáforas como ésta, la de
un simple pañuelo de papel, que pueden ayudarnos a mirar en nuestro interior y
entender la naturaleza de nuestros sentimientos. Y para los que aún no los han
experimentado, hacérselos sentir un poco más cerca.
Esta serie Oyakudachi nace de esa experiencia, que desde entonces repito año tras año en mis clases con jóvenes universitarios. Y aunque El pañuelo de papel no es más que una insignificante metáfora, va dedicada a usted, Señora.
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